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Las farmacias se forman para ayudar en el abandono del tabaquismo

El Sistema Nacional de Salud financia desde el pasado 1 de enero la vareniclina (Champix) y el bupropión (Zyntabac), dos tratamientos farmacológicos para dejar de fumar. «La labor de estos medicamentos es reducir el síndrome de abstinencia. El bupropión incrementa los niveles de dopamina y el paciente se encuentra físicamente mejor. En el caso de la vareniclina, el medicamento bloquea los receptores nicotínicos, lo que consigue que el tabaco no satisface al fumador y además estimula los receptores para suplir el síndrome de abstinencia», comenta el decano del Colegio de Farmacéuticos de Burgos, Miguel López de Abechuco.

La prescripción de estos tratamientos está marcada por varios requisitos entre los que se encuentra ser fumador de diez o más cigarrillos al día y tener un alto nivel de dependencia, determinado por el test de Fagerström con puntuaciones igual o mayor que 7;tener motivación expresa de dejar de fumar constatable con al menos un intento en el último año y contar con prescripción médica porque es un profesional médico el que debe valorar si el paciente puede o no tomar alguno de estos dos medicamentos.

La alta tasa de éxito de Champix, cercana al 40%, ha supuesto que la propia Sanidad pública recomiende a pacientes fumadores su uso para dejar de fumar de forma definitiva. Aunque el fármaco se encuentra a la venta desde el año 2007, con la financiación de parte del coste por parte de la Seguridad Sociales, los fumadores que cumplan los requisitos marcados y que puedan acceder a este tratamiento no tendrán que desembolsar los alrededor de 200 euros de media que cuesta en la actualidad sino menos de la mitad.
En este objetivo de erradicación del tabaquismo, la labor del farmacéutico «será fundamental», apunta el decano. «Tenemos que aprovechar el potencial que tenemos, con las más de doscientas farmacias que hay en la provincia burgalesa» , comenta y señala que el sector «ya está inmerso en labores de educación sanitaria de diversa índole desde hace mucho tiempo».

Precisamente la deshabituación del tabaquismo «por su importancia y por las patologías que genera ha sido y es un área en el que también debemos actuar las farmacias». López de Abechuco señala que «ya se han desarrollado diversas campañas y dos cursos de tabaquismo en el colegio para que los farmacéuticos puedan asesorar mejor a quienes se acercan a las boticas con la intención de dejar de fumar».

Actualmente «ya hay varias farmacias en Burgos capital y provincia que desarrollan programas de deshabituación aunque ahora el objetivo es extender esta formación a toda la provincia para que al menos el 80% de las farmacias tengan preparación en este campo o una actualización de los conocimientos».

La labor del farmacéutico «debe ser asesorar e informar al paciente sobre las herramientas que existen para dejar de fumar e identificar a las personas fumadoras y proponer su derivación a los servicios médicos en caso de cumplir con los requisitos para acceder a estos dos medicamentos, así como ofrecer apoyo en el seguimiento del tratamiento». El farmacéutico recuerda que «el tabaco crea una gran dependencia tanto física como psicológica y por eso es muy complicado dejar de fumar».

De hecho, «solo un 25% de quienes lo intentan de forma convencida lo consiguen y no vuelven a recaer», señala López de Abechuco, quien apunta que «el tabaquismo es la primera causa de muerte evitable en los países industrializados».

Los fármacos por sí mismos no son suficientes, por lo que considera «necesario el apoyo de un profesional durante los dos o tres meses que dura el tratamiento». De ahí que, el Ministerio de Sanidad haya fijado que los medicamentos financiados se receten de mes en mes y no el tratamiento completo de una sola vez, para que el paciente tenga que volver al médico para que pueda evaluar su progreso.

Las cifras del tabaco

En el quinquenio 2010-2014, se produjeron en España 259.348 muertes atribuibles al tabaco, lo que supuso una media anual estimada de 51.870 muertes. De estas muertes atribuibles al tabaco, nueve de cada diez se produjeron en hombres. En España, fuman de forma continuada 9 millones de personas, el 23,95% de la población que es mayor de 15 años. A ellos hay que sumar otro 3% adicional de fumadores ocasionales.

En lo que se refiere al consumo, España es uno de los países de la Unión Europea cuya media de cigarrillos consumidos al día por fumador es más baja, situándose en 11,7 cigarrillos al día, mientras que la media de la Unión Europea es de 14,1 cigarrillos diarios.

La dificultad para abandonar el hábito del tabaco se ilustra fácilmente por el hecho de que es el que tiene peor índice de eficacia entre los tratamientos de deshabituación de drogas de abuso, como alcohol, opiáceos o cocaína, entre otras sustancias. Tal y como recoge el Informe Técnico de Deshabituación Tabáquica del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, durante el último año, un 18,7% de los fumadores diarios hizo al menos un intento de abandonar el tabaquismo, con porcentajes prácticamente idénticos entre varones y mujeres.

Al margen de los propios fumadores, el consumo de tabaco también tiene efecto en personas no fumadoras que están expuestas al humo del tabaco. El humo más peligroso para el no fumador es el de corriente secundaria, que supone el 85% del humo generado por los fumadores y que, a diferencia del humo de corriente principal, no es filtrado por ningún filtro o por los pulmones del fumador activo. Convivir con un fumador aumenta el riesgo de cáncer de pulmón en un 30% para el no fumador, y el de muerte de origen cardíaco en un 25%.

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